Tras leer múltiples comentarios sobre la crisis financiera mundial, uno llega a la conclusión de que el sistema capitalista incumple sus propias reglas y nos pone al borde del precipio. Y que no fallan los mercados. Fallan los mercaderes.
Fallan -en otras palabras- los directores de las finanzas mundiales. Dejan hacer a su libre albedrío a individuos sin el menor sentido de la responsabilidad. Y cuando llegan los atisbos del desaguisado, surge la incómoda pregunta: ¿quién le pone el cascabel al gato?
De todo se aprende. Harán bien quienes rigen los destinos del mundo en tomar nota y poner a cada pieza del tablero en su sitio.
En su propio beneficio. Nos necesitan vivos y con capacidad de consumir. Aunque sólo sea por eso, deberán hacerlo.
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