Intento no tener fobias en relación a los personajes públicos a los que ni tan sólo he tenido la oportunidad de ver en persona. Es el caso de Diego Armando Maradona.
Pero hace muchos años que acumulo señales y datos en torno a la falta de talla humana del personaje.
Hoy me tiro a la piscina. A continuación, lo que pienso.
Maradona fue un extraordinadrio jugador de fútbol. No lo dudo. No el mejor a mi gusto. Yo me quedo con Johan Cruyff. Pero ésta es una opinión como otra cualquiera. Ambos pasaron por el FC Barcelona.
Lo que me produce un sentimiento de acritud son los antecedentes en relación a la droga y la camarilla de que se rodeó el astro argentino a su paso por Barcelona.
Entiendo que un drogadicto es un enfermo. Entiendo que necesitan por encima de todo ayuda. Lo que no estoy dispuesto a acceptar es que se les conceda responsabilidades para las que no están preparados. Como dirigir personas.
La profesión de entrenador de fútbol no está al alcance de cualquiera. Atribuirla a un individuo tan pagado de sí mismo en sus actitudes, tan ignorante en las cosas básicas de la vida, es más que una frivolidad: un desvarío.
Si Diego Armando Maradona es la carta de presentación de Argentina como país (hipótesis, lo pongo en condicional), tal país resulta muy poco atractivo. Una conclusión que contradice el legado positivo de argentinos que tan buena impronta dejaron en España. En lo musical, Luis Aguilé, recientemente fallecido.
Cada país es libre de escoger a sus ídolos. E incluso de consagrarles Iglesias y todo tipo de iniciativas. Los que no somos de allí sacaremos nuestras propias conclusiones. Las mías son penosas.
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