La soberbia es mala consejera
Me comentan profesores de la Harvard Business School que los alumnos están este año un tanto alicaídos: no llueven las ofertas de trabajo de otros años. Lógico: la economía está de capa caída.
Como resultado, las clases resultan más plácidas. No hay la soberbia de otros años, en que los alumnos –entre pausa y pausa- presumian de sus ofertas en ciernes, de sus sueldazos a la vuelta de la esquina.
Todo ha cambiado.
El tono gris del momento se ha llevado a mejor vida la soberbia de antaño. La propia escuela reflexiona sobre su culpabilidad en la formación de dirigentes que han llevado a este país al precipio financiero.
La soberbia es mala consejera. Pero hace falta sufrirlo en carne propia para darte cuenta del significado profundo de esta frase. De esta admonición que debiera mantenerse más allá de ciclos económicos. No ser una frase bientinencionada para sanar los egos heridos sino un auténtico propósito de enmienda.
Hay una sociedad mundial que espera transformaciones profundas a cargo de dirigentes nuevos. ¿Estamos a las puertas de una Obamanización imparable o es una etapa interina de buenos propósitos condenados al fracaso?
La respuesta está en el viento, que cantaba el inconmensurable Bob Dylan.
Home