Vuelvo a mi domicilio barcelonés y aterrizo en mi teclado habitual. Qué gusto da recuperarlo. Con él mis dedos alcanzan velocidad meteórica. Estamos muy compenetrados.
Y eso no es cuestión baladí. En la actividad de escribir las «daily routines» son clave. Aportan seguridad y celeridad. Y, por supuesto, el confort de que las cosas salen bien y a la primera. Todo fluye más rápido. Dedos y portátil se integran y, venga, a producir.
Es grato volver a las teclas mullidas e hiperconocidas.
Como quien se pone las pantuflas en casa tras larga caminata con zapato duro.
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