Me arriesgo a que suba la clientela y con ella la tentación de aumentar los precios. Pero a cada uno lo suyo: churros y patatas de la churerría barcelonesa Sanromán (Consejo de Ciento/Villarroel) son de aúpa. Lo digo y proclamo para público conocimiento de la gente, familia, mis amigos y la afición en general, seguidores de este blog incluidos.
En estos tiempos malsanos en que tantos establecimientos cobran lo que no deben y no dan lo que sí debieran, hay que hacer justicia con los últimos artesanos del noble oficio de dar de yantar. Las patatas de la churrerría Sanromán saben a eso: patatas. Y los churros están en condiciones de competir (por mor de su aceite y freiduría experta) con las mejores paradas de Madrid.
Que en la Izquierda del Ensanche barcelonés tengamos un churrero fiel a su oficio no debiera ser noticia. Pero lo es. Son tiempos de martingala, picardías de bajo cuño y mucha misería profesional.
Reivindico desde aquí el buen hacer de los que no se han dejado contaminar por la gran enfermedad del siglo XXI: la vulgaridad.
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