Es la nueva situación profesional del golfista Tiger Woods, uno de los mejores deportistas de todos los tiempos: «pausa indefinida».
Con ella hace frente a la ola de revelaciones sobre relaciones extramatrimoniales en cadena desatada a partir de un trivial accidente de coche.
La maquinaria mediática se nutre tanto del encumbramiento de las personas como de su defenestración. Un caso interesante, pues, de gestión de crisis de la marca personal.
De hecho el laureado Tiger Woods es más que una marca personal: es un emporio de intereses enmpresariales que ahora se tambalea ante el giro copernicano de la opinión pública norteamericana, que castiga el no-ser-el-que-parecía-que-eras.
La estrella del golf reaccionó con el silencio ante las acusaciones de todo tipo de las últimas semanas. En vano: en comunicación de crisis aunque uno no hable, los otros lo harán por uno.
Con todo, no tiene sentido desmentir ni pedir perdón cuando el alud de datos comprometedores todavía no ha cesado.
Una retirada temporal es una manera de esperar a que el temporal amaine, rehacerse y preparar un plan de recuperación de imagen.
Ahota Tiger Woods es pura carnaza informativa. Diga lo que diga se colocará en el dispadero.
Si la Navidad es tiempo de paz, concordia y reconciliación, bienvenida sea la «indefinida pausa» navideña para Tiger Woods.
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