Pasan de los 20 años. Algunos sobrepasan los 25. Les toca emplearse por primera vez. Más finamente dicho: inserción laboral. Y tienen ante sus narices un panorama muy sombrío. Tras el gran banquete de la década anterior, subsiste un modelo periclitado, que no resulta atractivo y que es fundamentalmente injusto: no proporciona oportunidades.
Los finales de los 70s fueron parecidos. Yo sobreviví a los retos de entonces. Pero no esperaba que tiempos tan oscuros como entonces volvieran tres décadas después.
Las infraestructuras son mejores, muchas familias han acumulado su pequeño o gran patrimonio. Pero la incertidumbre en el trabajo nunca había sido tan grande.
En las grandes transiciones se viven momentos de zozobra: lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer.
Me pregunto si los veinteañeros de ahora tendrán la resiliencia (capacidad de aguante) que muchos tuvimos entonces.
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