Impacto es lo que me produjo -estando en el AVE- leer en la parte superior de La Vanguardia del 26-1-10:
«Miguel Angel Marín, el olvidado salvador del Museo del Prado».
El periodista Josep Playa Masset le dedica la página de apertura de Cultura. Un subtítulo destaca:
«Miguel Angel Marín, el gran olvidado del acuerdo de 1939 para proteger el patrimonio artístico».
Acto seguido envié un SMS a mi amigo el notario Albert Domingo Castella, quien me presentó en los años ochenta al señor Marín en el Ateneo barcelonés.
¿Dónde estarán aquellas cintas cassetes en que grabamos aquellas disertaciones de nuestro entrañable profesor?
Eran la vida en estado puro. Sus gestiones diplomáticas. Sus anécdotas.´Su visión -en cierto modo desconsolada- del mundo.
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