No hay liderazgo efectivo sin credibilidad. Sin credibilidad, cualquier liderazgo queda socavado.
La política española nos muestra este principio bien a las claras. Estamos necesitados de una profunda reorganización de la economía y la cosa pública y, sin embargo asistimos a un parcheo continuo, a una improvisación sin ton ni son.
En el camino se pierde la credibilidad, la capacidad de persuadir. Que nos tomen en serio.
Hay que sacar la grandeza de dentro. Todo aquel que la tenga.
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