Pasé el jueves en Palma de Mallorca, revisitando lugares y sobre todo personas. A pesar del cielo gris, fue un día luminoso. Da gusto ver a personas que significan mucho para ti. La escasez de los encuentros dispara al alza la calidez de los contactos.
Mallorca mantiene esa belleza extraña que nunca he sabido describir.
Ante vicisitudes como ésta, uno se percata de que saber escribir es realmente difícil. Que mi alter ego mallorquín se frustra en los intentos.
(Hoy ha muerto el escrito Miguel Delibes. El sí sabía).
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