Ya para casa. El aeropuerto Logan International me obsequia con su wifi gratuito. Gran placer. Ojalá lo tuvieran todos los aeropuertos del mundo porque esto de Internet se está convirtiendo como el aire que respiramos: imprescindible.
Una tromba de agua ha venido a despedirme mientras cogía el taxi para el aeropuerto. Impresionante. Y eso que me han dicho que no era de las más aparatosas…
Regreso a Barcelona tras una nueva estancia en un Boston de calor por momentos sofocante.
Me quedo con las ganas de desplazarme en tren a Nueva York (unas 4 horas). Otra vez será. Ahora toca territorio hispánico y retomar labores profesionales pendientes. Leer nuevos libros. Escribir nuevos textos.
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