El triunfo de la selección española en el Mundial de Sudáfrica es harto merecido y una gran noticia para toda una generación. Tiene ribetes de gesta y de alentador punto de inflexión para el futuro.
Pero de igual manera la táctica de la selección holandesa me parece de juzgado de guardia. Yo que soy admirador del fútbol holandés he sentido una gran decepción ante la opción que escogieron: el fútbol destructivo.
Una de las consecuencias positivas de la victoria de la selección española es hacer extensivo a toda la afición cuán amargo resultan los arbitrajes que no saben cortar el antifútbol. Es cuando se lo hacen a uno que reaccionamos y nos percatamos de que es innoble, antideportivo y funesto para el espectáculo.
Recuerdo algunos partidos recientes disputados por el FC Barcelona convertidos en espectáculos lamentables por el antifútbol del contrincante y la pasividad arbitral.
La victoria de la selección española es también la del fúbol de calidad y vistoso, técnico y deportivo.
Ojalá que sean muchos lo que se apunten a esta corriente que desde Barcelona hemos tenido el privilegio de descubrir y catapultar. E inspirado precisamente en el fútbol holandés. El de antaño.
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