Me gustan los caracteres obsequiosos, especialmente cuando de anfitriones se trata.
Paro en mientes que no he insertado todavía en mi blog un buen ejemplo de ello: el partido de vuelta de Copa Barcelona-Ceuta en que Guardiola decide alinear en la media hora final a Lionel Messi…
Bien es cierto que la razón principal estriba en mantener contento al jugador, que siempre quiere jugar (gran motivación la suya). Pero me parece excelente también que el entrenador quiera así premiar al público asistente en una noche glacial sin la emoción del resultado.
Tener en cuenta a todos tus públicos, a todos tus stakeholders, es propio de un directivo de mérito. Ser obsequioso. Pensar en los demás.
He aquí, amigos míos, una de las manifestaciones de la grandeza personal. La que emana del pequeño detalle.
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