Cada vez me siento más ovetense: mañana recalo de nuevo en Oviedo para impartir en la Universidad y ya me deleito pensando en los itinerarios que recorreré. Paisajes y rincones que revisitaré y debo confesar que se me hace la boca agua pensando en los ricos condumios que brindan posadas y gentes de bien en la capital astur.
Eso sí: leo que las temperaturas apenas superarán el grado. Toca abrigarse, presentir la nieve y abrirse a la desinhibida ingesta de sidra (fuera de clase, se entiende).
(Si por las venas no circulase sangre, debiera circular sidra. Seguro que mejoraría siempre nuestro ánimo).
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