Sábado resultón en Zaragoza: la villa está harto embellecida e ir y volver desde Barcelona en AVE es un placer.
Asisto al bautizo de la hija de mi buen amigo Antonio Gómez Frank: Elsa Renate. Renate como su difunta abuela paterna. Cuánto hubiera dado Antonio por tenerla viva en tan señalado día.
El condumio tras el bautizo en la afueras de Zaragoza: en El Cachirulo. Excelente cocina. Deliciosa ensalada de bogavante. Y qué bien le sienta al bacalao la crema de queso. Ambiente familiar y conversación amena, que en eso consisten las buenas celebraciones.
En la sobremesa, paseo por la calle de Coso, en pleno centro de Zaragoza. Ríos de gente junto al Ebro. Y parada y compra en la Confetería Fartola: la Flor del Almíbar, en el 21 de don Jaime I. Anoto su teléfono: 976 29 85 24. Cualquier día les llamaré para inquirir sobre su historia, que arranca en el siglo XIX.
Las grandes pastelerías de España debieran contar con un libro propio. Ignoro si existe. Dulce proyecto sería éste.
Grato recuerdo el del croissant repleto de almíbar que me zampé. Y excelente el chocolate de producción propia de la confitería.
Zaragoza tiene muchos atractivos. Recomiendo la visita a la remozada Catedral de la Seo y a su extraordinario Museo de los Tapices. Paren mientes, por cierto, en la redacción de los carteles museísticos: brilla la lengua castellana, con vocablos precisos y sobrios. Ese castellano raro de encontrar en Cataluña y que nos recuerda la grandeza de la cultura vecina. Pese a quien pese.
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