Aterrizo en Algeciras. Paso dos jornadas. Trabajo con devoción. Como y ceno de ensueño. Está nublado pero no llueve: sopla el Levante en el Estrecho. Regreso con Vueling Málaga-Barcelona. Incisivas turbulencias a la llegada a Barcelona. Tan sólo cinco minutos. Pero no me inmuto. ¿Por qué? ¿Efectos anestésicos del copioso Rioja ingerido el mediodía?
Quién sabe.
(Releeo páginas de Robin Sharma. Estoy deseando leer su nuevo libro: «El líder que no tiene cargo»).
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