Cada vez más tiendas semivacías en algunas zonas. Los pocos dependientes que no han sido reestructurados, desquehacerados. Muchas horas sin que un alma se acerque. Nada que hacer.
Es una estampa de la caribeñanización (en sentido peyorativo) de este atribulado país. De su empobrecimiento. Circula poco el dinero. La demanda se retrae. Los mendigos proliferan. Algunos provienen de clases medias bajas de hace tan sólo cuatro años.
Me explica un colaborador de CÁRITAS que en los últimos tiempos acuden a solicitar ayuda personas que hasta hace poco eran donantes. Que la brindaban. Para gran embarazo de todos: el que daba y ahora se ve en la tesitura de pedir. El que reparte, que debe dar al mismo que antes daba.
Es duro.
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