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El valor de tener valores

Miguel Ángel Violán 15 May 2011 - 17:20 CET
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Ha celebrado el FC Barcelona su tercera Liga consecutiva con una vistosa camiseta que incluye la siguiente leyenda: «El valor de tener valores».

Esa es precisamente la frase central de mi libro «El Método Guardiola», que apareció en septiembre de 2010 en catalán y que lo hará en castellano en septiembre de 2011.

Justo a esta idea dedico el preámbulo del libro. Si alguien la ha importado, me alegro por ello: es prueba de que le ha gustado. Si es que también se le ha ocurrido, me congratulará saber que tengo un alma gemela.

En cualquier caso, ofrezco a mis lectores un avance de dicho preámbulo donde se acuña la expresión y se desarrolla el concepto.

PREÁMBULO DEL AUTOR EN EL LIBRO «EL MÉTODO GUARDIOLA»

0.-Camino de Pep-fección ( el porqué de este libro)

Comencé a escribir este libro a las pocas semanas de tomar posesión Pep Guardiola como entrenador del FC Barcelona el verano de 2008.

La cabeza ya me decía por entonces (y el corazón me lo corroboraba a través de sus misteriosos mecanismos) que aquel hombrecito de Santpedor, comarca barcelonesa del Bages, de joven exquisito jugador del fútbol base, era diferente y estaba llamado a una trayectoria gloriosa. A ser un escogido.

Un escogido pero mucho más que para la gloria deportiva: la gloria cívica. Que podía convertirse en un modelo de valores. Un ejemplo a seguir.

Los meses posteriores me dieron la razón. Hasta que llegaron todo tipo de titulos y proezas, socialmente euforizantes pero en el fondo anecdóticas.

El gran descubrimiento fue para mí ver en aquel chico flacucho e irremisibemente propenso a la calvicie la personificación del sentido común. O lo que es lo mismo: una aplicación cívica de la sensatez y el arte de amar.

Un almuerzo con la cantante Nina en el restaurante del Ateneo barcelonés, en la calle Canuda, acabó de abrirme los ojos. Nina me dijo:

-Miguel Angel, todo eso que admiras en Guardiola es sencillamente lo que nuestros abuelos nos enseñaban en casa: que la vida es esfuerzo, sacrificio, autoexigencia, trabajo bien hecho..

Nina tenía razón. Todo eso y una abundante dosis de sentido común, el menos común de los sentidos según afirma el conocido dicho.

Me di cuenta de que aquellas proezas deportivas pudieran peligrosamente convertirse en flor de un día. En fuegos de artificio en manos de los medios de comunicación, más atentos a sus cuentas de explotación que a una auténtica inquietud cívica.

Me di cuenta también de que, además, Guardiola nos enseñaba un camino digno de ser seguido. Que sus éxitos constituían lo que en el lenguaje de la gestión llamamos un “efecto demostración”: es decir, una experiencia de éxito reveladora de cuál es el camino que debemos seguir.

Durante los dos últimos años he realizado un seguimiento de las proezas y vicisitudes del simpáticamente llamado “Pep’s Team”. De las declaraciones de Guardiola, la reacción de los medios, los comentarios desde Cataluña y desde fuera. Las opiniones de gente de peso del campo de la gestión, la cultura y otros sectores ajenos al fútbol.

El mundo de la empresa mes es particularmente próximo debido a mi formación y experiencia como directivo y actualmente como profesor de escuelas de negocio.

En este sentido, me viene por ejemplo a la memoria el comentario que me hizo por teléfono el profesor de comportamiento organizacional del IESE Business School y destacado conferenciante Santiago Alvarez del Mon:

-Yo soy de la meseta y madridista pero me quito el sombrero ante Guardiola.

El resultado de mis indagaciones ha sido revelador de que son muchos los que por toda España se quitan el sombrero: Pep Guardiola aplica unos valores humanistas que se demuestran efectivos en la dirección de personas. Y como primerísimo valor, el sentido común, indefectiblemente vinculado al conocimiento de la psciología de las personas: hay que conocerlas para quererlas y –en la medida de lo posible- inspirarlas en la mejora continua. Es ésta su vertiente de líder transformador. De mejorador de personas,

El de Pep es un mensaje extremadamente humanista (=fe en la capacidad de las personas para ser mejores), que va más allá del fútbol como puro espectáculo de masas. Es voluntad de perfección (o de Pep-fección, si me permitís el juego de palabras).

Es un ideario, un método, un conjunto de actitudes dignas de ser extrapoladas a muchos ámbitos: las empresas, las ONGs, la Administración Pública, la clase dirigente…y de manera muy evidente a las escuelas y la comunidad educativa. ¡Cuán trascedental es el papel de los educadores!.

Un buen criterio para evaluar la modernidad de una sociedad es la deferencia con la que se trata a sus maestros. Y en este punto ni la sociedad catalana ni la española progresan adecuadamente. De ninguna de las maneras.

Instalados en la superficialidad, hemos dejado de lado en muchos ámbitos de la vida uno de los valores supremos: el esfuerzo.

Quien no vea que tras el Método Guardiola hay toneladas y más toneladas de trabajo ultraexigente y continuado, no entenderá nada.

A quien le hayan inculcado la convicción errónea de que la vida es fácil, agradable y sin compromiso con nada ni con nadie, que se lo quite de la cabeza. Basta de liquididad filosófica. Toca recuperar valores sólidos. Y, en primer lugar, el valor de tener valores.

No es un juego de palabras. Es una exigencia ante el gran vacío en que estamos instalados.

Lejos de este modesto autor que estrena “opera prima” pontificar sobre lo que han de hacer los demás o de prescribir recetas moralizantes.

Sí, en cambio, me he sentido llamado a analizar y documentar un fenómeno deportivo que trasciende las fronteras del fútbol: es vida y management en estado puro lo que hay en la trayectoria de Guardiola, un hombre que -significativamente- es muy admirado por sus propios rivales…

Ante la profunda crisis económica que asola el país y que nos obliga a replantearnos una buena parte de nuestros fundamentos del modelo de producción y estilo de vida, la trayectoria de Pep desprende luz, proyecta horizontes atractivos, nos dice cosas. Y eso es profundamente inspirador en tiempos de férrea descreencia.

Más que nunca las actitudes se revelan como factor crucial para salir del marasmo y la angustia del momento presente.

Entendámonos: el Método Guardiola propiamente dicho no existe. Es un recurso literario para reunir un conjunto de observaciones sobre un excelente gestor deportivo que da pistas sobre la trascendencia de recuperar valores-digamos- “antiguos”” y “en desuso”, para darles vigor y juntos construir una sociedad mejor.

Es un líder que convence a través del ejemplo y la pasión por lo que hace. Porque hace lo que ama y ama lo que hace.

Nos hacen falta muchos Peps Guardiolas, aparte de los que a buen seguro ya existen aunque realicen trabajos mucho menos visibles.

Le hemos de agradecer a Pep que exista. Más allá de las victorias deportivas, nos aporta un ejemplo de grandeza personal al servicio de una institución. Ha sido durante estos dos años un gran y leal servidor.

Una persona con aquello que clásicamente siempre se ha llamado «calidad humana».

Gracias, pues, Pep.

Es tiempo de recuperar valores sólidos. Y en primer lugar, el valor de tener valores.

Miguel Ángel Violán

Miguel Angel Violán es barcelonés, periodista y escritor, con 41 años de experiencia en el campo de la comunicación (Grupo Mundo, diario AVUI, TV3, Catalunya Ràdio, Radio Nacional de España, Círculo de Lectores/Bertelsmann, RIU/TUI). Desde 1996 hasta comienzos de 2008 residió en Mallorca, donde ejerció el cargo directivo de Director de Comunicación de la cadena RIU […]

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