«Si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir».
Leo esta frase en una pancarta en la plaza de Cataluña de Barcelona. Sábado tarde, sol radiante, jornada de reflexión. Pero de reflexión más allá de una víspera electoral, los comicios municipales de mañana. Hay una generación perdida que reclama su puesto en la historia. Y con toda la razón. Están de acampada. Y tienen las ideas claras: están indignados.
Yo también estoy indignado.
(A lo lejos, gran lona que cubre un edificio con una leyenda que me es harto familiar: «El valor de tener valores»).
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