Oigo en Catalunya Ràdio («L’ofici de viure», 12-6-12) la expresión «un minuto de gloria» en boca del escritor José Antonio Marina. Alude a la conveniencia de recompensar al niño para fortalecer su vocación.
Lo encuentro muy acertado.
Siempre recordaré aquella profesora en prácticas de la Escuela Molina de Barcelona que nos encargó un dibujo a los niños de ocho años. Debíamos mostrárselo uno por uno. Al enseñarle el mío se quedó pensativa y me espetó:
-Definitivamente bastante…(pausa)…bastante mal.
Nunca olvidaré su sarcasmo y atribuyo a ese minuto -no de gloria sino de oprobio- mi torpeza impenitente para dibujar.
Por contra, recuerdo el comentario de una profesora de redacción, que tras proponernos una composición leyó la mía (aventuras en una isla desierta o algo por el estilo) y comentó en tono laudatorio:
-Muy imaginativo.
(Ese minuto de gloria cimentó mi vocación literaria).
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