En mi familia siempre ha primado un cierto aire anticlerical. Ahora entiendo de dónde procede lo que a la familia de mi padre concierne: mi abuelo paterno, Aleix Violan i Canals, fue el encargado de deconstruir la iglesia del pueblo ilerdense de Sort durante la guerra civil por encargo de la autoridad republicana. Lo cual le pasó factura en forma de tres años de reclusión en la cárcel de Lérida tras la guerra.
Me imagino que capítulos de este signo marcan la cultura e inclinaciones de una familia. Por otro lado, la falta de ejemplaridad de la iglesia durante la guerrra y la postguerra debíó de propiciar un intenso recelo cuando no una abierta hostilidad hacia lo religioso.
Con todo, los muertos en la contienda civil se repartenen mi familia a diestra y siniestra.
Como bien decía Miguel de Unamuno, no fue una guerra civil. Fue una guerra fratricida.
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