Interesante el encuentro de esta mañana con el presidente azulgrana Sandro Rosell en ESADE Business School en Barcelona. He encontrado en él una campechanía inusual. Mejora en sus dotes de comunicador.
Por contra, la escuela -que se marca un tanto con poder contar con uno de sus ex alumnos más célebres- defrauda un tanto en la organización: desordenada gestión de los turnos de palabra, negligente asignación de los tiempos y poco rigor en la concesión de turnos al público.
Es ese tufillo de autocomplacencia que acaba notándose. Una lástima.
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