Tras un fin de semana en Valencia, reflexionando en el EuroMed de vuelta a Barcelona (gran comodidad y puntualidad del tren, por cierto) me percato de que muchas partes de mis intervenciones ante grandes empresas se convierten en un recordatorio de obviedades. Eso sí: obviedades obviadas.
Por ejemplo, suelo recordar a mis audiencias que «la vaca feliz da más leche». Y aporto acto seguido el ejempo literal: en la cooperativa de La Fageda, en Gerona, las vacas son llamadas por su nombre, masajeadas y adormecidas con música clásica. No en balde producen una leche riquísima de la que derivan los suculentos yogures de La Fageda. La amabilidad produce resultados amables.
Cuanto antecede es aplicable a las personas. Pero por lo general la felicidad de los trabajadores no es prioridad de quienes llevan el mando. Craso error. Aunque sólo sea por egoísmo, vale la pena ser generoso.
Un ejemplo que constato es el de la Responsabilidad Social Corporativa. Pocas empresas la sienten de verdad. A lo sumo (y ya es mucho) es una inquietud por-quedar-bien. No han entendido nada.
Si las personas son buenas personas serán buenos profesionales. Y si se hacen mejores personas, serán mejores profesionales. Tendencia que llevará a que sea una mejor organización.
Me preguntaron en Valencia:
-No entiendo cómo felicidad y lucro se pueden conjugar.
Son cosas que no hay que verlas para creerlas sino creerlas para poder verlas.
En último término, todos tenemos nuestra pequeña parcela de liderazgo. Allí podemos implementar nuestras ideas y honrar nuestros valores. Una magnífica oportunidad para comprobar que el trabajo cooperativo y bien alineado produce resultados descomunales.
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