Con independencia de lo que uno piense sobre el credo del Papa y de la Iglesia católica como institución, hay en estos momentos un alto representante religioso pregonando unos determinados valores. En paralelo, hay una oferta de sinrazón: la patada impía y la negación de la evidencia: las patadas de Pepe (pierna ejecutora) y la alevosía de Mourihno, la mano que mece la pierna, la tensa y activa, y ahora ya también el dedo ejecutor contra globos oculares ajenos.
Mi mensaje es claro: Papa sí, Pepe no.
(Los buenos líderes hacen buenos a los suyos; los malos todo lo contrario: produce lástima la deriva moral de un jugador tan extraordinario como Iker Casillas, empecinado en defender lo indefendible. En el terreno de los argumentos, su portería se ha convertido en un auténtico coladero).
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