Escucho con placer el concierto número 3 de Brandenburgo de Johan Sebastian Bach. (Alguna vez ya he dicho que si Bach existe, no descartemos que Dios también).
En concreto escucho esta grabación:
Oí en cierta ocasión que ésta fue una obra por encargo que no gustó al preboste que había de pagarla. Y no la pagó.
Los impagados. Si a un inmortal como Bach ya le pasaban estas cosas, qué no le ha de pasar a cualquier mortal.
(Siempre recordaré, a finales de los años setenta, las embarazosas colas para cobrar que se formaban en las ventanillas del Grupo Mundo,`del ya difunto empresario de prensa Sebastián Auger. En cierta ocasión coincidí en la cola con el escritor y afamado columnista Sempronio. Fue un aviso preclaro de la precariedad del oficio de periodista. De su miseria intrínseca y secular.)
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