Ultraconsevador como soy en algunos de mis hábitos personales, debo anunciar que…¡al fin he cambiado de móvil!
Mi nuevo aparato es un coqueto y blancuzco Mini-Galaxy de Samsung y sustituye (por inanición) un anticuado Nokia, repleto de heridas y gloriosamente caído en combate (ya no se encendía).
Quienes hacían chanza de mi malogrado Nokia con gomas sujetas para insuflarle nueva vida deberán ahora rspetuosamente rendir pleitesía a mi flamante smart phone.
He habilitado, por cierto, una de esas cajas rimbombantes y baratas que gusto de comprar en los bazares chinos y le he asignado ya función: «Cementerio de móviles».
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