Me encuentro en la FNAC de L’Illa Diagonal en Barcelona con un viejo conocido de la multinacional Bertelsmann: Armin Bräutigam. Acordamos que me enviará sus datos al e-mail de la tarjeta que le entrego.
Conocí a Armin en 1995 en Círculo de Lectores. Memorable su actuación en la fiesta de empresa en el Hotel Barceló Sants interpretando junto al entrañable colega canario Antonio Peña la canción «La Bilirrubina» de Juan Luis Guerra. (Peña marchó con la multinacional Henkel a China y allí le perdí la pista).
Grato reencuentro, pues, en la cola ante el mostrador de entrega de pedidos (hay colas que sí, resultan gratas). Su mujer se llama Gloria. Ya la conocía. Es guapa, catalana y decoradora. Tienen dos diablillos como hijos que exhiben su afición a las artes marciales (o algo por el estilo) sobre la maqueta de la gran superficie. Prevalece la furia española a la contención alemana, deduzco.
Me complace saber que el padre les habla en alemán. Como tiene que ser.
Un abrazo, Armi. Un beso, Gloria. Achtung, diablillos: paz y concordia.
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