Creo que ha sido la primera vez en mi vida que conduciendo yo se pincha una rueda de mi coche. Ha sido cerca de Torroella de Montgrí, cerca de Girona, tras impartir sobre el Método Guardiola invitado por AFRUCAT, el empresariado catalán de la fruta.
Un clavo ha perforado un neumático trasero de mi Mazda. El olor a goma quemada me ha alertado, justo delante de una gasolinera. He repostado y -¡sorpresa!- a 500 metros había un taller de coches que me lo ha resuelto en un periquete. Un revés, pues, seguido de golpe de suerte.
En mi intervención en Torroella de Montgrí, en el Museu de la Mediterrània, he recordado la anécdota de las bandejas de fruta cortada y sin piel con que Pep Guardiola quiso familiarizar a sus chicos con este saludable alimento. Son futbolistas jóvenes proclives a la bollería industrial, que no es ni lo más sano ni nutritivo.
Soy un forofo de la fruta. Lo sabían y me han obsequiado con una caja ¡con 20 preciosas manzanas rojas denominación de origen Girona!.
Parecen las de Blancanieves pero sin veneno,claro.
Un asistente, el señor Pereta, ha comentado con simpatía mis alusiones a la familia Riu, natural de Olot. Don Juan Riu era comerciante de fruta. Vendió su patente sobre el proceso para retrasar la maduración del plátano y así los Riu compraron su primer hotel en Venezuela.
Cuando aludo a mis experiencias en RIU suelo explicar la historia de la cadena con cuatro frutas emblemáticas: el plátano, la naranja, la manzana y la piña.
(Algún día explicaré el porqué de cada fruta en esta metáfora empresarial).
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