El Barcelona derrota 1 a 3 al Real Madrid en el Bernabéu y su entrenador, Mourihno, lo achaca a la suerte.
He aquí la colosal distancia entre los dos equipos: la actitud moral.
Mientras Guardiola se preocupa hasta la extenuación del porqué de sus errores, Mourihno escurre el bulto y niega, por supuesto, los méritos del contrincante.
Es un juego éste peligroso de practicar ante 500 millones de teleespectadores. Hay demasiado riesgo de que haya alguien que se percate de que no es así.
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