No puedo dejar de expresarlo como lo siento: hay tics que me soliviantan. Me refiero a los criterios burdos a la hora de dar reconocimiento a las personas. Aquellos que tienen en sus manos activar las palancas de la promoción deberían obsesionarse por la detección del talento nuevo y no por seguir los caminos trillados. El ir a lo seguro. El no arriesgar.
Así nos va.
Cada vez me doy más cuenta del elevado papanatismo y falta de criterio que subyace en las decisiones en el campo de la cultura. El ninguneo es una mala práctica ampliamente extendida. El favorecer a los amigos, un cáncer en metástasis permanente.
¿Dónde están las personas valientes y con criterio? ¿En qué cuneta han quedado apartados? ¿Por qué nos gobiernan los mezquinos? ¿Por qué se acepta tanta mediocridad ruín? ¿Por qué hay tantos periodistas paletos, tantos políticos incompetentes y tantos funcionarios escaqueados?
Este es un país deplorable. Intermitentemente divertido, sí, pero se ahoga en sus miserias. Es tan necesaria una regeneración. La necesitamos como agua de mayo. Que limpie a fondo.
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