Fue un momento harto motivo anoche en el Auditori de Barcelona. La orquesta, coros y danzas del Ejército Ruso concluían su repertorio. Hizaron una bandera rusa…y al lado la bandera catalana. Acto seguido, entonaron «Els Segadors», el himno nacional catalán. La gente se puso en pie. Yo también.
Y en ese mismo momento me di cuenta de que la sociedad catalana es hoy por hoy como un perro herido, arrinconado en un callejón sin salida. De ahí el balsámico efecto del visitante que sin tapujos viene a lamerte las heridas. Aparte de la astucia de relaciones públicas del gesto (la astucia es un valor intrínseco en la cultura rusa), resultó un momento hermoso. Una deferencia oportuna. Muy de agradecer. Tan necesaria.
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