Estuve ayer presenciando la sesión de entrenamiento de infantiles y alevines del FC Barcelona. Tarde deliciosa en la Ciudad Deportiva del Barça. Delicioso el empeño que ponen los entrenadores en sus cometidos. Intercambio unas palabras con Guillermo Amor, emblema de La Masia. Albert Puig me explica la sistemática de los entrenamientos.
Pero lo que más me gustó: cómo los chavales dan la mano al entrenador al inicio y al final de las sesiones. Y, por cortesía, al desconocido acompañante (en este caso, yo).
Uno se da cuenta de cómo el deporte es ante todo educación. Y que muchos universitarios debieran adoptar estos modales. Si no hay respeto al maestro, no hay respeto al conocimiento.
Como en el juego posicional futbolístico, así en la educación: cada uno en su sitio.
(Luego acudí en tranvía al Nou Camp y presencié un espectacular 4 a 0 contra el Getafe. Pero no me sorprendió: la semilla de estos éxitos la había presenciado yo mismo unos minutos antes en la Ciudad Deportiva).
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