Están en la Rambla de Canaletas y son las sillas más fantásticas del mundo. Públicas y gratuitas, están empotradas en el suelo. Desde ellas se divisa el río humano que circula por la Rambla.
Años atrás, eran sillas de madera, móviles y de pago. Ahora son una de esas pocas concesiones del Estado del bienestar aún sin recortar.
La Rambla es sin duda la calle más bella del mundo y esas sillas una plataforma privilegiada para la contemplación urbanita. Sopla además una agradable brisa y el sol se refleja en el papel satinado de las revistas de los quioscosa adyacentes.
Si bien están muy solicitadas, no es imposible cazar silla y por unos minutos hacer reposar las posaderas mientras observamos el flujo y reflujo peatonal. El de sentarse un ratito allí es un rito que aconsejo a cualquiera de nuestros numerosos visitantes (aunque eso me genere competencia en la caza de silla).
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