Siempre me han gustado los quioscos. Los asocio a la compra de cromos, luego de tebeos y durante muchos años de diarios de papel. Pero ahora los veo palidecer.
Paso por delante de un quiosco y presiento su muerte…o su reconversión radical. No pueden ya servirme la actualidad que me llegas directamente al móvil. Y los colores vivos del papel satinado compiten ya con la vistosidad y ergonomía de las modernas pantallas.
Siento nostalgia por unos quioscos que aún viven pero que deberán transformarse drásticamente en los próximos años.
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