Me han sugerido en algunos actos públicos que describa «el método Tarrés». Pero no voy a hacerlo. Entre otras razones porque tengo lazos familiares con algunas de las nadadoras implicadas. Hace ya tiempo que escuché algunos de sus reproches a unas maneras de hacer vejatorias que ahora se hacen públicas.
¿El éxito lo justifica todo?
¿Cuántos de nosotros no hemos trabajado en organizaciones donde medran déspotas intocables con vicios privados y públicas virtudes, blindados por los resultados que obtienen?
En todos los gremios y sectores hay individuos reprobables, que anteponen sus intereses al respeto a las personas. Yo también tengo mis experiencias en este sentido, concretamente en el sector editorial. También en el periodístico.
Lo que me pregunto es porqué la sociedad (y por supuesto la clase periodística principalísimamente) tarda tanto en coger el toro por los cuernos y denunciar las malas prácticas. ¿Por qué no hay tolerancia cero?
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