He regresado de Venecia tremendamente atraído por lo italiano. A pesar de la crisis de Italia, se vislumbra mucha vitalidad, mucho arte. No me lo esperaba. Esperaba encontrarme una sociedad más anodina o cuanto menos más apagada.
Lo mío son impresiones ultrafugaces. Provienen de unos poquísimos días. Eso sí, intensamente vividos. Con la radio italiana siempre puesta, la RAI conectada en el televisor, leyendo todo diario que caía en mis manos y balbuceando italiano en mis diálogos en la calle.
Me atrae el idioma, cuyos rudimentos estudié en los años ochenta en el Istituto Italiano Di Cultura Dante Alghieri en Barcelona, contiguo a la Casa Degli Italiani.
Me viene a la memoria el entusiasmo que por Italia sentía el empresario y político Lluís Prenafeta Garrusta. Y en concreto por los versos de Leopardi. También su fascinación por la diplomacia vaticana.
Leo hoy, por cierto, unas declaraciones del ex presidente Joan Laporta donde comenta que Pep Guardiola siempre leía los diarios italianos en los viajes con el equipo.
Pasión italiana de Pep, que quizá bien yo debiera compartir. Italia, un país prodigioso a pesar de los pesares.
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