Leo con embeleso anécdotas sobre Stephen Covey en webs estadounidenses. Me entero,por ejemplo, que su funeral duró más de dos horas y que en él intervienieron sus hijos para explicar anécdotas sobre su padre…
En otro medio, leo la anécdota que explica un hijo de Covey: acompañó a su padre en un viaje a la India. Tuvieron que fijar reuniones y actividades de 7 de la mañana a 11 de la noche durante toda una semana…
Tal era la Coveymania y la petición de libros firmados que en un momento dado- según explica el hijo- el celebrado autor consiguio refugiarse en un cubículo de retrete para hacer sus necesidades. Sin embargo, la actividad se vio interrumpida por admiradores que por debajo de la puerta le pasaban libros para que aprovechase esta privadísima pausa para firmar dedicatorias…
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