En los años sesenta vi por primera vez a un tipógrafo. Fue en los antiguos talleres del diario La Vanguardia en la calle Pelayo de Barcelona. Me impresionó la presencia de las galeradas de plomo.
A finales de los setenta regresé allí. Ejercía yo como teletipero del vecino diario Télex Exprés, lo que me permitía curiosear entre las linotipias. Qué época más entrañable.
Tipógrafos y linotipistas fueron tradicionalmente gente de gran saber. A base de transcribir textos se convertían en obreros ilustrados.
Hace dos días topé en un mercadillo del Ensanche con una querida edición de un ilustre tipógrafo: el poeta Whalt Whitman. La obra: «Hojas de hierba», título de referencia de la poesía norteamericana. Espléndida portada verde con un retrato de Whitman en forma de dibujo.
Compré ese libro de nuevo, al igual que lo hice hace casi 40 años como adolescente. Doné unos pocos euros que llevaba a beneficio del organizador del mercadillo, la Iglesia Evangélica Sant Pau de la calle Aragón, 51 junto a la escuela EAE.
Me explica la encargada del mercadillo que por un momento dudaron sobre si ponerlo a la venta:
-No sabíamos a qué tipo de «hierba» se refería el libro…-me comenta.
La tranquilizo con todo tipo de detalles sobre las bondades de la obra lírica de Whalt Whitman…
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