Estoy plenamente de acuerdo con el contenido de este artículo publicado hoy por Joan Golobart en el diario La Vanguardia. La clave es encontrar nuestra esencia y servirla contra viento y marea.
http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20121201/54356004496/joan-golobart-guardiola-esta-ganando-por-goleada.html
Guardiola está ganando por goleada
Cuando Pep Guardiola decidió que no iba a continuar al frente del Barça existieron por parte de la sociedad muchas muestras de cariño pero también leves recriminaciones entendiendo que los argumentos no eran de suficiente peso como para abandonar la nave. La temporada no había acabado con el éxito esperado y mucha gente consideró que huía de lo que deberían ser sus responsabilidades. Su compromiso moral respecto al club que le había otorgado la posibilidad de entrenar en Primera debía obligarle a seguir.
Personalmente me pareció maravilloso y de una madurez extrema la actitud de Pep. Muy pocas personas serían capaces de tomar este tipo de decisiones cuando uno se siente embargado por el éxito deportivo, el reconocimiento social y los millones de euros se acumulan en la cuenta corriente. Es durante este proceso cuando las hormonas se disparan, el cerebro se confunde y parece imposible que uno pueda visionarse desde fuera. Uno se convierte en una bola de nieve que esta condenada a rodar y rodar, en una trayectoria imposible de desviar y mucho menos de parar hasta que te estrellas con la pared que te destruye.
De Pep me han asombrado muchísimas cosas y entre ellas cómo ha sido capaz de tomar una serie de decisiones que o bien le sitúan como una de las mentes más claras que yo pueda conocer, o bien que está dotado de un instinto que lo conduce a acertar cada vez que se proyecta en el futuro. Me gustaría que fuera lo segundo porque si es lo primero me produce demasiada envidia y uno no está para comportamientos infantiles.
Uno de los que aprovechó la marcha de Pep para sacar algo de ventaja fue José Mourinho. Sacó a relucir que él no se cansaba jamás, que podría entrenar toda la vida, tratando de mostrar a Guardiola como un hombre débil. Dio la impresión como si quisiera rentabilizar su marcha como un trofeo a su favor. La tremenda batalla de personajes finalmente tenía un vencedor y un vencido y el portugués tenía bien claro quién era quién. Pero lo que no sabía es que este combate no había finalizado el día en que Pep decidió que marchaba. Todo lo contrario, ese día se inicio una nueva batalla de la guerra que estos dos monstruos del banquillo librarán hasta que se retiren como entrenadores. Y esa batalla en estos momentos la está ganando Pep por goleada. Pero como aun está en sus comienzos, el portugués tiene margen para reconducir la situación. Pero para ello deberá ganar la Décima del Madrid y eso que es posible, tiene el inconveniente que debe existir un cierto componente de fortuna que jamás puede controlarse. De momento su equipo muestra una confusión mental producto de la guerra frente a los culés. La extrema capacidad de puntuar y ganar partidos de ambos equipos les ha llevado a pensar más en el gol que en el juego. Los dos han verticalizado su fútbol en su obsesión por jugar hacia la portería. Pero el Barcelona, como partía de un juego horizontal, al sumarle verticalidad, aun siendo menos preciosista y menos táctico, se ha hecho mucho más global y por eso suma con mayor eficacia. El Madrid, como ya bordeaba la máxima verticalidad, al sumarle más verticalidad se ha quedado en nada y se está estrellando. Y su entrenador fatigado y siendo incapaz de reconocer su estado, se empeña en activar unos resortes que ya están oxidados.
Por eso para mí, gane o no gane Mourinho la Champions, siempre pensaré que Pep acertó en su decisión. Y todos podemos aprender mucho de ella. Quizás no tendremos la fortuna de tomarnos un año sabático, pero sí de actuar con la misma finalidad. La clave de nuestra vida será siempre no abandonar nuestra esencia. Aquello que nos define, que nos hace fuerte y que nos aproxima a la felicidad o al éxito. Esencia que va deteriorándose a medida que las relaciones fracasan, la presión del trabajo y las continuas responsabilidades minan tu espíritu y te confunden. Por eso con año sabático o sin él, existen momentos en que nuestra prioridad en la vida debe ser siempre reencontrar nuestra esencia.
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