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Educación mediática

Miguel Ángel Violán 27 Dic 2012 - 09:44 CET
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Recupero de la red un texto mío del 1 de noviembre de 2010 en el que describo el concepto de de educación mediática. Fue difundido esencialmente en Latinoamérica.

EDUCACIÓN MEDIÁTICA
Con el siglo XXI emerge un nuevo tipo de directivo: el directivo mediático. Es por definición un comunicador que lidera al mismo tiempo que un líder que comunica. Porque el signo de los tiempos es contundente: no hay liderazgo sin comunicación.

La paradoja es que la llamada educación mediática no está a la altura de los nuevos desafíos. Por educación mediática –término que acuñamos hace más de una década- se entiende el conjunto de habilidades que todo directivo debe detentar para comunicar de manera efectiva con sus públicos objetivo, dentro y fuera de la organización. Muy especialmente, la claridad expositiva y la capacidad de síntesis.

Tales habilidades han subido unos cuantos peldaños de dificultad: el mundo actual requiere saber atender los requerimientos de los medios clásicos, los medios on-line y las nuevas formas de comunicación digital (léase Intranets y redes sociales) para que nuestros mensajes sean claros e inspiradores de confianza, el más valioso de los activos.

¿Atiende la oferta académica de manera suficiente esta necesidad de directivos proficientes en materia de comunicación? Creo firmemente que no. Universidades y Escuelas de Negocio no han incorporado de pleno la enseñanza de las técnicas de comunicación a sus planes de estudio. Y ello es contradictorio con las exigencias de los tiempos actuales: precisamos líderes mediáticos y en cambio no les pertrechamos del instrumento capital: la comunicación.

La elección del presidente Barack Obama en los Estados Unidos es un importante botón de muestra de la importancia de la comunicación para el liderazgo. ¿Sería concebible que Obama hubiese alcanzado la Casa Blanca sin sus grandes dotes para la oratoria y su excelente gestión de las redes sociales? Ciertamente no.

El ejemplo de Obama nos revela la importancia de potenciar las habilidades de comunicación para el desarrollo del liderazgo, lo cual es coherente con la tradición educativa anglosajona. Ya de niños se les enseña a comunicar, a autopresentarse, a dirigirse a un grupo. No es de extrañar por ello que una vez adultos asuman con facilidad el reto de hablar en público de manera agradable y efectiva.

Son muchas las exigencias de formación del directivo del siglo XXI y la capacidad para transmitir mensajes de manera creíble es una de principalísima.

Esa capacidad de comunicar debe ir dirigida tanto a los de dentro de la organización como a los de fuera y con igual intensidad. Comunicación interna y externa están interrelacionadas. Son las dos caras de una misma moneda. Lo que pasa fuera influye en los de dentro y viceversa.

Por ello, la educación mediática debiera ocupar un lugar preferente y no accesorio en los planes de estudios, los programas de capacitación y en los seminarios de habilidades directivas.

Si la confianza es el principal activo y el cimiento de cualquier liderazgo que se precie, enseñar a generar esa confianza se convierte en una tarea clave para disponer de directivos con capacidad de liderazgo.

Sin comunicación, no hay liderazgo.

Miguel Ángel Violán

Miguel Angel Violán es barcelonés, periodista y escritor, con 41 años de experiencia en el campo de la comunicación (Grupo Mundo, diario AVUI, TV3, Catalunya Ràdio, Radio Nacional de España, Círculo de Lectores/Bertelsmann, RIU/TUI). Desde 1996 hasta comienzos de 2008 residió en Mallorca, donde ejerció el cargo directivo de Director de Comunicación de la cadena RIU […]

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