Es grato saludar al apreciado y talentoso amigo Carlos Blanco, ramblear distendidamente (no hay otra manera de hacerlo) e introducir al apreciado visitante en los pequeños secretos de la Rambla, mercado de la Boquería incluido.
De sopetón nos cruzamos con el escritor Vicenç Villatoro. Breve dialogo en torno a Eslvoenia, que él bien conoce, y colofón en el jardín del Ateneo barcelonés donde Carlos me sorprende gratamente dando cuenta de una copa de vino blanco ampurdanés.
(A pocos metros el busto de Josep Pla nos observa. Sin perder detalle. Faltaría más).
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