Mi experiencia como formador me revela la siguiente pequeña estadística: un 20% de mis alumnos hablan en público con soltura e incluso brillantez; un 60% lo hace regular o bien; un 20% lo pasa muy mal.
A esto último se le llama «glosafobia»: pánico a hablar en público. Conocía el concepto pero no el término. Ayudar a los que padecen este problema es una de mis principales misiones como formador. Por extrañas razones que ni yo mismo comprendo del todo tengo un raro temple para hablar en público a la vez que una especial pericia en enseñarlo a hacer a terceros.
Quién me lo iba a decir.
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