Guardo un agradable recuerdo de José Félix Pons. Exhibía templanza ante el micrófono en tiempos difíciles. Una ponderación muy catalana y un buen dominio de periodismo deportivo. Tres días después de su fallecimiento, se prodigan los elogios y recuerdos entre los profesionales del sector.
Entre los comentarios se nota el deseo de homenajear al compañero querido. Sin embargo, también se percibe ese puro y mezquino deseo de tirar de la rueda de su prestigio. Cuántos adláteres aparecen cuando la estrella se extingue, que acuden prestos a rendir «el postrero homenaje».
No deja de ser un espectáculo impúdico pero indisolublemente unido a la llamada «comedia humana».
En lo que a mí concierne, nunca llegué a verle en persona. Pero guardo recuerdo claro de sus transmisiones deportivas, por radio y televisión. Junto al también difunto Miguel Angel Valdivieso, fue uno de mis radiofonistas deportivos más admirados en la década de los años setenta, cuando se forjaba en mí la vocación por el periodismo.
Un recuerdo me viene especialmente a la memoria: cuando José Félix Pons utilizó la palabra «boira» para referirse a la niebla en una transmisión futbolística en castellano para toda España. Se produjo un alud de reacciones adversas que el diccionario de la lengua española invalidó: boira es también una palabra admitida por la lengua castellana.
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