Barcelona presenta itinerarios impresionantes. Por eso ha sido dada en llamar «la ciudad de los prodigios».
Uno de ellos lo constituye la calle Joaquín Costa, que desde los aledaños del Mercado de Sant Antoni conduce hasta la Rambla del Raval.
Increíble paisaje humano. Por un momento, parece que estás en otro país, en otras latitudes, en otra época. Qué amalgama de razas y nacionalidades en pleno corazón de Barcelona. Conviven chiringuitos tercermundistas con locales de diseño. Increíble maridaje en un barrio tradicionalmente conflictivo y repleto de prostitución.
Un segundo itinerario altamente atractivo lo constituye la Rambla del Poble Nou, que desemboca en la playa barcelonesa llamada «la Mar Bella». Ramblear por allí es también una experiencia única. Tras hacerlo hoy, he tropezado con un restaurante de prometedora presencia: «Racó de la Vila», en el número 33 de Ciutat de Granada. Había cola de comensales en la entrada…
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