Cuanto más tiempo llevo en la docencia y la reflexión sobre el management, más me percato del alto nivel de fantasmagoría que nos circunda. Humo, humo y más humo.
Esto a ratos me subleva. Pero también me ilusiona: me percato de que hay todavía un gran trabajo por hacer. Aportar luz y dar así buen servicio a terceros.
Yo mismo años atrás me dejaba influir en demasía por la retórica de autores y conferenciantes que a la postre -así lo acabé descubriendo- basaban su brillantez en retórica vacía. Triste pero valioso descubrimiento.
Cada vez se me hace más evidente que claridad y sencillez han de ser los desafíos permanentes de un pedagogo. Dar luz, disipar tinieblas. Erradicar a los fantasmas.
Gran tarea.
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