He perdido dos kilos y pico más en las últimas tres semanas. Mi nutricionista, el doctor Y, lo asevera con su báscula electrónica de ultraprecisión.
Mi viaje relámpago a Barcelona (36 horas) me ha servido para constatar que ya he pasado de 108 kilos y medio a 104 y que continúo bajando.
Mi fuerza de voluntad está sometida a tremenda prueba: no he probado ni una cerveza desde que estoy en Múnich, capital mundial del llamado «néctar ambar».
Cuando lo explico a los lugareños, me ven como a un alienígena. (Nunca me ha molestado parecer freaky; al contrario, anida en mi un connatural espíritu de contradicción).
Cielos nublados en Múnich y una promesa: mis devaneos blogueros con Guardiola no harán que cierre la parada en este mi pequeño pero ya consolidado ciberchiringuito. Que no tema la afición.
Home