No estuve en Dachau en mis tiempos universitarios en Múnich, en los ochenta. Pero he recuperado aquella oportunidad. Esta vez he acudido al antiguo campo de concentración nazi, reconvertido en parque temático del horror.
El recinto se encuentra a media hora en S-Bahn (metro regional) del centro de Múnich. Te da una idea muy precisa de lo que fue aquel recinto. Se conservan uno pocos barracones pero quedan las huellas de todos ellos, de manera que el recinto presenta una imagen de totalidad, de todo orgánico de diseño cruelmente eficiente.
En un extremo del recinto, se conservan los dos hornos crematorios y la cámara de gas disfrazada de cuarto de duchas colectivo.
Se cuenta que los militares americanos que liberaron a los prisioneros obligaron a la vecina población de Dachau a que se pasase por el campo y se diera por enteradas de cuanto allí se perpetró. También se explica que los guardianes nazis arrestados fueron obligados a colaborar en el entierro del remanente de cadáveres apilonados en las puerta de los crematorios.
Imágenes y testimonios sonoros dan una dimensión profunda y escalofriante a la visita (de entrada libre: Hubiera deseado haberla hecho ya 30 años atrás.
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