Afecto solidario para las tiendas abiertas -pocas pero dignas- que todavía veo en Barcelona. Resisten la canícula. Se mantienen al pie del cañón. Accesibles a una clientela improbable. Rebañan la posibilidad de alguna venta. Hacen frente a la crisis poniendo horas con generosidad.
Mi afecto solidario por estas personas que se mantienen en su sitio. Generosos en el esfuerzo. Recordándonos que la ciudad todavía existe. Que los que quedamos somos pocos pero buenos. Y alguna cosa necesitamos comprar.
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