¿Cómo serían las ciudades si estuvieran diseñadas de otra manera? ¿Tan idílico se nos antojaría entonces el campo?
¿Por qué hemos tardado tanto tiempo en incorporar el coche eléctrico a nuestras urbes? ¿Y por qué no ajardinamos por decreto calles y plazas, competimos en embellecer nuestras fachadas y premiamos a los ciudadadanos que con su civismo nos facilitan la vida?
(Todo eso pensaba yo en la calle París acariciado por un viento refrescante tras nadar 650 metros en la piscina Sant Jordi en carriles anchos como Castilla).
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