Un nuevo espectro recorre la ciudad de Barcelona: se trata del hombre del palo. Dotado de una larga vara, escudriña los contenedores de basura para rescatar todo lo aprovechable en una época de penuria.
A esta nueva estampa urbana hay que unir al conductor de furgoneta que aparca junto a los contenedores azules de reciclaje de papel, mete su cuerpo por la obertura y examina si hay volumen suficiente de papel que valga la pena rescatar.
Completan el cuadro los mendigos apostados a las puertas de los supermercados. Apelan a la mala conciencia de quien sale con el carro lleno que topa con la mirada del mendigo de estómago vacío.
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